Por Blackstone
Por Katya J. Orozco Barba “Se ha desatado un gran tráfico de sueños que no pueden detener los traficantes de la muerte; sólo ésta nueva raza de hombres puede ver la semilla de estos sueños y no se puede detectar porque va envuelta en rojos corazones.” – Portadores de sueños de Gioconda Belli Ante las situaciones y conflictos que emergen en los diferentes sectores sociales, económicos, ecológicos e individuales, está la oportunidad de cada individuo de decidir colocarse en una posición frente su experiencia. Entre el conflicto y la posición, existe un espacio. Imagine que el conflicto es ese momento en el cual el eslabón golpea el pedernal y se produce una chispa; esa chispa será la emoción. Entonces, el conflicto produce el fuego de los afectos y las emociones y, como todo fuego, también éste tiene dos aspectos: el de la combustión y el de la producción de luz. La emoción viene del latín emotio, emotionis, nombre que deriva del verbo emovere. E-ex – de, desde –, Movere – mover, trasladar, impresionar. Entonces, la emoción deviene movimiento, pero, ¿hacia dónde? La voluntad, por otro lado, equivale a una cantidad limitada de energía que está a libre disposición de la conciencia. La voluntad se representa en forma de energía que puede superar a otra o por lo menos influirla. Es ahí, en esa cantidad de energía vacía, donde yace la posibilidad. Y quizá ésta sea una noticia alentadora: la voluntad. La cigarra, tiene la capacidad de devorar, dada su información genética, y no tiene otra opción que actuar como cigarra; no va a poder polinizar plantas o producir miel como la abeja. En el comportamiento de la cigarra, no hay capacidad de elegir si hacerlo o no. El ser humano, por otro lado, es el único en el sentido de que pudiera decidir actuar como una cigarra o como una abeja. Colaborar con su entorno a sus posibilidades. Como se mencionó anteriormente, en la conciencia es donde se decide el rumbo de dicha energía. Es verdad que entre la emoción y la conciencia hay procesos psicológicos que se ven involucrados, como la percepción, la representación y el símbolo, entre muchos otros. Entonces, será la conciencia donde yace algo de la historia, educación, creencias y pensamientos de cada sujeto, y la que direccione la voluntad. La psicoterapia es un espacio; la terapia no siempre conduce al bienestar, sino a una forma de poder enfrentar las vivencias, tomando responsabilidad de los propios actos y reforzando la capacidad de una voluntad consciente. Referencias Frankl, V. E. (2010). Psicoanálisis y existencialismo: de la psicoterapia a la logoterapia. Fondo de Cultura Económica. May, R. (2000). Dilema del Hombre. Gedisa. “La voluntad equivale a una cantidad limitada de energía que está a libre disposición de la conciencia.”


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