Por Joaquín Cruz Lamas Quizá me equivoque, pero creo que solamente dos países en el
mundo tienen desayunos que nos hacen querer levantarnos de la cama: México, por
supuesto, y el Reino Unido. Incluiría también a Irlanda, pero el desayuno
irlandés es casi igual al desayuno inglés, por lo que creo que podemos englobar
a ambos bajo el concepto de “desayuno británico”, haciendo referencia a las
islas británicas. Estas dos culturas, tan diferentes entre sí en algunos
aspectos, resultaron tener una crucial similitud a la hora de comenzar el día:
tanto ellos como nosotros estamos a favor de la sustancia. Nos gustan los
desayunos potentes, que nos den fuerza para comenzar el día y para aguantar la
jornada laboral. Ambos tipos de desayunos, tanto el británico con su variedad
de carnes, huevo, frijoles, pudín, tomate, papas, etc., como el mexicano, con
la riqueza que obtiene del maíz y los condimentos, apuestan en grande por la
proteína y los carbohidratos. ¿Por qué será que son tan similares en cuanto a abundancia y contenido nutricional? Si bien los ingredientes son distintos, sus elementos básicos son muy parecidos. Hay dos posibles respuestas: una es que ambos están hechos para dar energía por mucho tiempo; el británico está pensado para aguantar una buena jornada laboral y, el mexicano, para no pasar hambre hasta la hora de comer, la cual es bastante tarde, si la comparamos con las costumbres de otros países. La segunda opción es religiosa; “breakfast” y “desayuno” significan lo mismo: romper el ayuno. Ambos son una celebración del fin del ayuno cuaresmal, en el cual los comensales se deleitan con alimentos sustanciosos. Pero, en fin, sea una u otra la respuesta, yo sólo sé que me encantan los dos. “Solamente dos países en el mundo tienen desayunos que nos hacen querer levantarnos de la cama: México y el Reino Unido.”


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