Cada diciembre, México no solo se llena de luces y villancicos, sino también de vendedores ambulantes, tianguis saturados y mercados improvisados que parecen multiplicarse por todos lados. Según un reporte reciente, la temporada navideña se ha convertido en la época alta del comercio informal en el país, una actividad que sigue estando muy presente tanto para los consumidores como para quienes viven de ella. La informalidad no es un dato menor: en 2025, más de 33 millones de personas trabajaban sin contrato o prestaciones, y el comercio no regulado sigue siendo una opción atractiva por los precios más bajos y la cercanía con la comunidad. Durante las fiestas, muchos compradores deciden visitar mercados y tianguis en lugar de tiendas tradicionales porque encuentran productos más baratos y la experiencia se siente más cercana, especialmente cuando la inflación empuja a muchos a estirar cada peso. Para millones de comerciantes informales, diciembre significa oportunidad: es el mes con mayor movimiento y ventas del año. Vendedores de ropa térmica, juguetes, accesorios o decoraciones navideñas lo saben bien, y para ellos las fiestas representan un ingreso clave para cerrar el año. Sin embargo, esta dinámica también viene acompañada de advertencias: expertos señalan que, si bien la informalidad genera dinamismo, también puede aumentar la circulación de productos pirata, contrabando o mercancía sin garantía de calidad, además de dejar fuera de beneficios laborales a quienes trabajan en este sector.
Más allá de los puestos ambulantes, la economía informal tiene un rol importante en México. Según datos oficiales, representa cerca de una cuarta parte del Producto Interno Bruto, lo que muestra que este sector no es solo un fenómeno estacional de diciembre, sino una parte estructural del país. Para los consumidores, el comercio no regulado sigue siendo una alternativa valiosa por sus precios accesibles y la sensación de apoyar a pequeños negocios. “Aquí todo está más barato”, dice más de un comprador que prefiere los tianguis a las tiendas establecidas, especialmente cuando el bolsillo ya está apretado por los gastos de la temporada. Pero también hay quienes piden mirar más allá del costo inmediato y considerar políticas que ayuden a que estas actividades puedan formalizarse, accediendo a seguridad social, crédito y condiciones laborales dignas sin perder su espíritu emprendedor. Navidad no solo trae regalos y posadas: también pone de manifiesto cómo millones de mexicanos viven y dependen de un comercio que no siempre figura en las estadísticas, pero que definitivamente se siente en cada calle, plaza o tianguis del país.La informalidad no solo está en las calles: también pesa en la economía


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