Por Joaquín Cruz Lamas Si hay algo en este mundo que me ha permitido sobrevivir a los
tiempos más oscuros que he tenido que afrontar, aparte de la espiritualidad, es
la música. Es más, no tendrían por qué estar separadas. La música es una
manifestación tangible de la espiritualidad; de una espiritualidad universal,
diría yo. Durante cierto tiempo, llegué a desarrollar ciertos hábitos musicales
que me llevaron a mejorar considerablemente mi calidad de vida. Dichos hábitos,
creo que vale la pena que sean compartidos aquí para beneficio de quienes
deseen buscar en la música, al igual que yo, un lugar de crecimiento interior.
Antes que nada, he de mencionar que personalmente soy un aficionado enorme de
aquello que se llama la música clásica, lo cual incluye la música desde el
período barroco hasta inicios del siglo XX. Sin embargo, eso no significa que
no sepa apreciar otras manifestaciones musicales que provienen de distintos
contextos y épocas. En fin, el primer hábito, por supuesto, es el de no pasar un sólo día de mi vida sin que haya algo de música en él. Todos los días hay algo de música en ellos, y con ello no me refiero a música de fondo, sino a música apreciada con detalle. Todos, sin excepción. El segundo hábito, relacionado al primero, es precisamente el de darse el tiempo y el espacio para apreciar dicha música. No basta con prender la radio y no ponerle atención. Démosle tiempo a la música, que en el fondo es darnos tiempo a nosotros mismo y a nuestro espíritu. Con apreciarla, no me refiero a sentarse en un sillón de cuero con los ojos cerrados y una copa de coñac en una mano mientras nos concentramos intensamente. Se vale, claro. Pero me refiero a cosas tan simples y tan espontáneas como bailar, cantar, moverse, etc. No tiene que hacerse en soledad, se puede hacer en familia. Finalmente, un hábito muy bueno es el de comenzar el día con alguna pieza que verdaderamente disfrutemos, especialmente si se trata de algo que nos traiga un recuerdo que nos haga felices. No comience su día viendo noticias. Comiéncelo ya sea escuchando Mozart o aquella canción que siempre le hace sonreír. “Démosle tiempo a la música, que en el fondo es darnos tiempo a nosotros mismo y a nuestro espíritu.”


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