Por Katya J. Orozco Barba Es cierto que, quien mira su reflejo en el espejo del agua, ve ante todo su propia imagen. El espejo no favorece, no muestra con fidelidad la figura que en él se mira; solo muestra el rostro la imagen con la que es cubierta la "persona," la máscara del actor. El verdadero rostro está detrás de la máscara; ésa es la primera prueba de coraje en el camino interior: una prueba que basta para asustar a la mayoría. Anteriormente, se ha escrito sobre tan solo algunas bondades del autoconocimiento. Para aquéllos que ya están en ese camino, resulta alentador el compartir las implicaciones que aparecen sobre el sendero del autoconocimiento. El encuentro consigo mismo puede ser una de las experiencias más dulces, pero también una de las cosas más amargas y desagradables, pues también es un encuentro con aquello que quizá cuesta mirar: dolor, vacío, agresividad, desamparo o miedo. Si una persona es capaz de ver su propia sombra y puede soportar que la tiene, solo ha cumplido una pequeña parte del camino. La sombra es una parte de la personalidad. Nadie que quiera descender a la fuente profunda la puede evitar; la sombra será ese angosto paso, una puerta estrecha, un mar oscuro. ¿Cuánto sabe el hombre de sí mismo? Quizá muy poco... quizá, en estos escenarios, la luz de la consciencia oscurece y da paso a la vida preprogramada del inconsciente, donde yacen los primeros registros, las primeras impresiones, obedeciendo una rutina psíquica y un lenguaje adormecido donde solo se repiten palabras, ignorando su significado. Hay que conectar con la propia capacidad de soportar la propia historia, las propias sensaciones, miedos, deseos, y confesar que existen problemas que difícilmente se podrán resolver con los medios propios. Quien reconoce la existencia del problema, estará más cerca de la solución. Como se ha escrito antes: la sombra no será algo estático, algo no transformable, en la medida en que se encienda la luz de la consciencia. Referencias Jung, C. G., & Murmis, M. (2002). Arquetipos e inconsciente colectivo. Madrid: Trotta. Lacan, J. (1964). Posición del inconsciente. Escritos II. “Si una persona es capaz de ver su propia sombra y puede soportar que la tiene, solo ha cumplido una pequeña parte del camino.”


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